lunes, 11 de diciembre de 2006

Chávez no logra movilizar a los suyos

ELECCIONES LEGISLATIVAS EN VENEZUELAChávez no logra movilizar a los suyosLa abstención del 75% cuestiona la legitimidad de la Asamblea NacionalLas iglesias estuvieron llenas de fieles para contrastar con el vacío de los colegios electorales
Los llamamientos de Chávez instando a los venezolanos a acudir a las urnas para elegir la Asamblea Nacional no surtieron efecto. El 75% de los electores se quedaron en casa, renunciando a participar en unos comicios que la oposición boicoteó por falta de transparencia y violación del secreto del voto.
"Venezuela ha hablado con su silencio", declara Julio Borges, candidato de Primero Justicia

JOAQUIM IBARZ - 05/12/2005Enviado especial CARACAS
Cuando Hugo Chávez llegó a las 12 de mediodía de ayer a la escuela Manuel Palacio Fajardo, en la barriada popular 23 de Enero, recibió noticias nada agradables por la alta abstención. Cuando en Venezuela ya se llevaban más de seis horas con las urnas abiertas, apenas había votado el diez por ciento en aquel colegio electoral. Aunque para depositar su sufragio escogió una zona en la que creía tener muchos simpatizantes, el presidente no logró movilizar a los pobres que reciben sus dádivas.
Jorge Rodríguez, presidente del Consejo Nacional Electoral, anunció a primeras horas de la noche (madrugada en España), cuando se había escrutado el 79,1 % de los votos, que la abstención ascendía al 75 %. Los venezolanos eligieron los 167 diputados de una Asamblea Nacional dominada en su totalidad por partidarios de Chávez. La alta abstención cuestiona la legitimidad de la elección. "Hoy se ha acabado con el mito de la invencibilidad de Chávez", dijo Oswaldo Álvarez, líder de Alianza Popular. Por su parte, Henry Ramos, secretario general de Acción Democrática (AD), dijo que la votación había sido "escuálida, escasísima".
La victoria tendrá sabor amargo. Pese a que Chávez dispondrá de todo el poder para cambiar la Constitución y reelegirse cuantas veces quiera, tal como ha anticipado, sufrió un fuerte descalabro político con la alta abstención. Tras la retirada de la oposición, el presidente venezolano se esforzó en convertir la votación en un plebiscito sobre su gestión. Anticipó que los chavistas votarían en masa para responder a los boicoteadores. Pero sus partidarios no acudieron a las urnas conforme a lo esperado. Incluso en los barrios populares más beneficiados con los programas sociales del Gobierno, los centros electorales estuvieron semivacíos.
"Venezuela ha hablado con su silencio –declaró Julio Borges, candidato presidencial de Primero Justicia–. Se ha encendido una alarma silenciosa que deja un mensaje claro, que es la desconfianza frente a lo que está pasando; no es un problema de oposición y Gobierno, es un problema de un país, de un pueblo".
La tónica abstencionista fue general en toda Venezuela. En un recorrido que este corresponsal realizó por barriadas populares superpobladas como Petare, Caricuao, Catia y la citada del 23 de Enero, pudimos comprobar que en pocas mesas se superaba el 10% del censo electoral cuando ya se había cumplido más de la mitad del horario de votación. Esta tendencia se mantenía en la Candelaria, un céntrico barrio de clase media. En las zonas residenciales del este de Caracas, el boicot a las urnas era aún mayor. En 24 centros de votación del municipio de Chacao, de 75.333 electores habían votado 1.292 a las 11 horas.
Según informaron Unión Radio y el diario El Universal, en todo el territorio nacional se observó escasez de votantes. Si bien es cierto que en comicios legislativos y municipales la abstención siempre ha sido alta, en esta ocasión tenía un significado especial porque el presidente Chávez se empleó a fondo para que la gente acudiera a votar. En los últimos días estuvo arengando a los venezolanos con interminables discursos en radio y televisión que obligatoriamente tenían que emitir todas las emisoras en los horarios de máxima audiencia. Por otra parte, los ministerios y otros organismos del Estado instaban a votar. Esta presión era doble porque en Venezuela el voto no es secreto (un técnico de la oposición descubrió un archivo que permitía a la máquina de votación almacenar la secuencia de votos depositados), y el Gobierno no duda en adoptar represalias contra quienes no son incondicionales de la revolución bolivariana. El Estado es el principal empresario, el gran contratista, la principal fuente de empleo y el que otorga subsidios a millones de venezolanos.
El abogado Santiago Álvarez dijo a La Vanguardia que Chávez tiene posibilidad de saber qué vota cada ciudadano. "Directa o indirectamente, aquí todo el mundo vive del Estado; Venezuela sólo produce petróleo, y lo demás es un gran centro comercial. De una u otra forma todos dependen de que el Estado otorgue contratos, canonjías, permisos, licencias, autorizaciones...", dijo.
La diputada Iris Varela, conocida como la Talibana, dijo en tono amenazante: "Los funcionarios que no salgan a votar hay que botarlos (echarlos), no pueden ser pagados por el Estado".
Mientras la afluencia a las urnas fue escasa, las iglesias de la capital estuvieron llenas de fieles. Diferentes organizaciones de la oposición habían pedido que se acudiera a misa para mostrar el abierto contraste con los colegios electorales.
Muchos caraqueños se despertaron a las cuatro con fuegos artificiales, toque de diana y propaganda oficial que transmitían a todo volumen camiones que recorrían las calles para conminar a votar. Vecinos del barrio Jardines del Valle protestaron, incluso lanzándoles botellas, contra los chavistas que amenazaban a los beneficiarios de los programas sociales con dejar de recibir los subsidios si no sufragaban.

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